Cuenta la leyenda que llegó un directivo
visionario. Que venía de abajo, de ser empleado, un simple peón del sistema que
acosa al fútbol moderno. El directivo, cambió el escudo por la espada, y estuvo
a punto de modernizar el escudo, ese maltrecho y colorido símbolo, por uno con
clase, con educación, con casta, como aquellos que se ven en los campeones. De club
grande, muy grande.
Entre otras cosas, el directivo, repatrió a
estrellas recién olvidadas. Mandó a proteger a los que protegían al equipo. Erradicó
a los que se creían el club y no lo eran. Convirtió ese club, en el club. E inculcó
una sed incansable de victoria, porque el equipo era un equipo victorioso que no
conocía la victoria.
Está claro que se ganó enemigos en el
camino, pero todos y cada uno, al final, le acabaron dando la razón al hombre
tras ese smoking con el pequeño escudo bordado en hilo gris oscuro, muy oscuro.
Oscuro fue el pasaje cuando dos figuras del cuadro, se vieron como náufragos en
un estadio repleto por la afición que semana a semana llegaba a ver fútbol.
El hombre pensó que era tiempo de estadios.
Modernizar aún más el futbol. Siendo la mano derecha del señor presidente, ese
hombre detrás del escritorio más importante del continente, mandó a construir
un estadio de primer nivel. No era gigante, no era el más hermoso del país o
del área, pero cumplía con sus funciones. Ir al estadio se volvió como ir al
teatro.
Se jugó mucho el papel del futuro, no solo
dentro del campo, sino fuera. Se creó identidad en los aficionados. Los niños,
otra vez, jugaban a ser la figura del club y no de un equipo extranjero.
El eterno rival se vio obligado, como pudo,
a intentar contrarrestar. Y aunque pudo atraer a su gente de igual manera todos
los domingos a la cancha, en el fútbol, no fue así. El club del visionario directivo
mandaba dentro y fuera del terreno de juego. El hombre pronto cubrió cada
aspecto del club: desde el color de zapatillas que utilizaban los jugadores,
hasta como celebrar un gol ante el eterno rival.
El club rompió el récord de la gira mundial
más extensa en la era moderna del fútbol. Visitó más de 20 países en menos de
dos meses. Jugó ante clubes muy grandes y ante cuadros muy chicos, ganó muchos
partidos, todos recordados, perdió otros tantos, pero siempre con la frente en
alto, dando la cara por una nación, por un continente.
Corrió el rumor, que las tierras asiáticas eran
el principal objetivo del club. Era un secreto a voces, todos hablaban de
ellos, pero en lo bajo. Aún parecía imposible tal cosa.
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