Olor a orines, un picante y penetrante olor a mesa servida sin plato se siente, carne asada quizás, escupitajos por doquier, más orín y cerveza. Sí, cerveza. «Por eso después entran a pija al estadio». Repesca de semifinales, ambiente de estadio.
Josh es de los que está tomándose un cerveza previo a entrar a ver a su equipo. Es de clase media. Aún así mira por el hombro a muchos. No ha cumplido los 20 años, pero conoce de la vida, creció viendo al rival de enfrente coronarse una vez tras otra. «Me pela la verga como salí en la U», comenta a su amigo, que lleva una jersey blanca del 60 aniversario.
Encamina al estadio. Acompañado de desconocidos que comparten una misma pasión: Comunicaciones. Ahí está la Vltra Svr haciendo ruido. Paga su entrada en la taquilla. «Un palco». Siempre ha creído que el mejor ambiente está en la tribuna, pero se va al palco, con su amigo, que parece saludar a alguien conocido. Sale el cuadro. Su cuadro. «Esta mierda se va a socar», repite a su compañero de formula. «Allá fuera hay un talegazo de mara», le responden.
El primer tiempo se le va volado. Entre un «puta» por un gol hecho que Montepeque falla y los constantes centros que Heredia manda al área propia. El entretiempo se le esfuma en dos cigarros y una gaseosa. Ahí parado en el palco, mirando hacia los lados, hacia arriba, buscando caras conocidas, se siente extraño ahí, entre gente sentada, entre tumultos que lo más que hacen es criticar y pedirle «huevos» al equipo, entre personas que creen tener la razón, pero que no hinchan por el club. Que no le ponen «huevos, eso hay que tener».
Va al baño. Pero le es imposible orinar. No puede con tanta gente al rededor. Tendrá que esperar a llegar a su casa. «Maldita maña», piensa.
Su cuerpo está en el palco, pero su alma y corazón, ahí en la general con la barra. Aplaude. Grita. Insulta. Se quiere morir. Se muerde las uñas. Voltea, «no soy el único». Ahí está Márquez mordiendo sus dedos. Junto a sus uñas, el partido se va acabando, cuando siente está de pie, aplaudiendo a Enoc. «¿Qué putas? A ver como nos va contra Xela». «¿Viste la de Furtado?», le responden con otra pregunta. «Ya la va a meter».
Espera unos minutos, mientras la cola baja un poco. Está mirando los fuegos artificiales que iluminan el estadio. Acaba de terminar de saltar «el que no salte es rojo». Está claro que él no es rojo. Aunque sus abuelos y tíos lo sean. Lo piensa, lo recuerda, aquella tarde, sí, esa tarde, vuelve a recordar y su cara se ilumina como con cohetes chinos, sonríe, no es cualquier sonrisa.
Se marcha. Al lado de su amigo. Sabiendo que volverá al estadio en pocos días. Sabiendo que lo que quiere no es personal. Con una sonrisa en el rostro y con aquella tarde en la mente.

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