Corrían tiempos de corrupción en Ciudad de Guatemala. Entre chantajes políticos y promesas de ir al
Mundial, se le iba la vida a las familias capitalinas. Entre el trafico de las mañanas, el de la Martí y de la Roosevelt en las tardes, la basura acumulada, que Arzú prometió quitar hace 8 años, ¿o eran 16? Los escupitajos por las ventanas de la camionetas, los robos en motocicletas, los BlackBerries del Guarda que te acaban de robar, la gasolina en la Shell que parece que fuera oro, las maras... El Smailey. Eran tiempos de corrupción...
Entre tanto alboroto y tanta melancolía, vivía María, una señorita espigada, con facciones hermosas. Vivía en una zona peligrosa de la ciudad, pero la verdad, es que aparentaba vivir en zona 14 o como mínimo, en la zona 10. Pretendida por cientos, "esperate María, ya va a venir el indicado" le decía su madre, Esperanza. La joven María había entregado su corazón un par de veces, pero en el fondo ella sabía que nunca lo había dado al 100 %. Era su secreto mejor guardado.
Fernandito era su perseguidor más activo. Desde 5to primaria, cuando estudiaban en el instituto, que estaba tras sus huesos, y en una oportunidad estuvo a punto de poseerlos, pero María se dio cuenta que Fernandito no era el mejor partido. Fernandito formaba parte de una mara, la Mara Rosa, que tenía su cuartel general en las zonas más peligrosas de la ciudad, como la 21 y el Gallito. Fernandito era un sapo gordo de aquella mara, corrían los rumores que incluso Otto Perez Molina temía del Fernandito, ya que una vez se lo había topado socando Mira, y el mano dura, había salido huyendo.
Pero nos estamos desviando mucho del tema, aquí venimos a hablar de amor y de ternura, de pasión y parejas que vivieron felices para siempre, como Colom y Sandra.
(maria ve al amor de su vida que es un hombre con dinero, abogado, Ramiro)
Un día de esos en donde Dios se le ocurrió pasarse de bueno con Guatemala y nos mandó un cielo celeste y un sol hermoso, María tuvo que hacer fc un mandado en EuroPlaza con una su amiga que se ganaba la vida vendiendo desayunos y almuerzos afuera del complejo de oficinas de la zona 14. Ahí María ve a Ramiro por primera vez, y Ramiro la ve a ella. "Mira si es grande el destino y esta ciudad es chica". Se miraban a los ojos, se vigilaban con gran recelo, miraban el pasado, su presente y su futuro con miradas. Era amor puro. Amor a primera vista que le dicen. Ramiro, en un chistar, está preguntando por ella y María, está vez, muy atipico en las mujeres, no se hizo la difícil, aunque siempre con un debido limite que debe tener toda señorita sobre la faz de la tierra.
María y Ramiro se enamoraron. María no podía creer que un hombre de la élite guatemalteca se haya fijado en ella. Pero la verdad, es que era un amor verdadero, un amor puro. De los que ya no hay, bueno, eso me dijeron.
El amor de Maria y Ramiro dio su fruto. A los meses de ser novios, María, junto a su madre, visitó al doctor Ronal Gonzalez...
Fernandito, lleno de rabia y celos, se prepara para ejecutar el plan más macabro...
Cinco años después. Nadie sabe del paradero de Ramiro, ni siquiera Maria. La joven Maria ha sido madre y padre de sus tres hijos. El destino aún le tenía otra broma macabra.
De tristeza, desamor y soledad muere María, sin el amor de su vida y sin sus tres hijos, convertida en un mar. María, una muchacha que se enamoró del muchacho correcto, o tal vez del incorrecto, una jovencita, que la vida le quitó todo lo que tenía, una guatemalteca, que según cuenta la leyenda, sigue gritando y preguntando por sus hijos en las zonas más peligrosas de la ciudad.
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