domingo, 13 de enero de 2013

...te habían tachado de ciego

Dormimos juntos, pero separados, como los pordioseros del Portal. Olía como aquel agosto majestuoso, y sin embargo, casi seis años después, otra vez, no pudiste decirlo. Te quedaste duro en el instanste perfecto y te odiaste: cerraste los ojos y pediste llorar, para que la vida se volteara y te dijera «hola, yo también quiero llorar».

En el pasado te habían tachado de ciego y, esa misma noche lo recordaste: quisiste matarte. La tortilla se había volteado, contigo encima. Eras simplemente un polvo en la nube que se ve cuando el sol atraviesa el cristal del coche.

Pensaste. Pensaste más de lo debido, lloraste sin razón. Imaginaste lo peor y lo mejor, en ese orden mamá.

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