Conocí a Sabina en 2008. Y no ha habido año (incluso mes) donde no me sorprenda con una obra maestra. Ya lo hizo con Contigo, Más de cien mentiras, La canción más hermosa del mundo, Peces de ciudad, 19 días y 500 noches, Por el boulevard de los sueños rotos, Y sin embargo y más recientemente con A la orilla de la chimenea.
Anoche no cantó todas las canciones que menciono arriba, pero dejó satisfechos a todos.
Ver a Joaquín Sabina en vivo, fue cumplir una asignatura, un pendiente.
* * *
—Voy a parquear, ya regreso—dije.
—No, no: dame 550 y llevatela, papá...
—500—tantié.
—Nombre, no puedo papi, dame 550—me dijo el gordo.
—Aquí hay 500 mirá—le dije mientras le daba cinco billetes de Q100.
—Dame el otro de a cien y te doy 50...
—Gracias.
—Apuntá mi número para cualquier otro evento, tengo entradas baratas, papá—me dijo el gordo.
—No, no—fulminé—:ahí está ya.
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